¿Cómo surge el proyecto? ¿A que te dedicabas antes?

Soy colombiano, criado en Bogotá, abogado especializado en derecho bancario y desarrollé mi carrera profesional durante más de 20 años en el sector financiero, llegando a ocupar cargos de alta dirección.

Mientras trabajaba en banca siempre tuve inquietud por emprender y abrí una cadena de panaderías en Colombia que en su momento fue bastante innovadora por su propuesta de producto, diseño y experiencia. Llegamos a tener 8 locales y más de 100 empleados.

En el año 2004 un empresario español me ofreció dirigir una empresa de alimentación en Madrid y me trasladé con mi familia a España. Pero con el paso del tiempo volvió a aparecer esa necesidad de crear algo propio.

Toda la vida me han apasionado las hamburguesas de calidad y, por casualidades de la vida, conocí a una persona procedente de Nueva York que entendía muy bien el mundo de la hamburguesa, los cortes de carne y, sobre todo, las técnicas tradicionales americanas de cocción a la brasa y ahumados. Me transmitió esa pasión y sentí que en España existía una oportunidad enorme, porque todavía no había una cultura gastronómica desarrollada alrededor de este producto.

Cuando llegó la crisis financiera de 2008 vi el momento adecuado para volver a emprender. Mientras muchos frenaban, nosotros vimos una oportunidad y decidimos empezar. Así nació New York Burger en abril de 2009, en la calle General Yagüe de Madrid.

¿Qué había entonces en España en cuanto a hamburguesa premium?

Muy poco. En aquel momento recuerdo básicamente a Alfredo’s Barbacoa y Home Burger Bar.

 ¿Cómo fueron los inicios?

El 11 de abril de 2009 abrimos las puertas del primer restaurante y muy pronto empezó a funcionar muy bien. Ante ello hablé con mi socia Andrea Quitian y le pedí que dejara su trabajo en una empresa multinacional y viniera a apoyarme en los procesos de cocina. Así transcurrimos los dos primeros años, ella en cocina y yo en sala, trabajando el servicio al cliente. En esos años aprendimos mucho de todos los procesos y estuvimos 24/7 dedicados al negocio. Lo cual se convirtió en una excelente escuela para poder iniciar la expansión, poco a poco y controlada para no perder nuestros valores.

El siguiente local lo abrimos en la calle recoletos 4 en el año 2011 y seguimos abriendo más o menos un restaurante cada dos años.

Nosotros quisimos hacer algo diferente. Apostamos por una hamburguesa premium cuando todavía el mercado estaba muy asociado a la comida rápida. Empezamos con una carta muy amplia para la época, con más de 14 hamburguesas distintas, diferentes tipos de pan, quesos, foie, jamón ibérico, ingredientes asiáticos y carnes de primera calidad picadas a diario.

Desde el principio cocinamos nuestras hamburguesas en horno Josper porque entendíamos que la brasa debía formar parte del sabor y de la identidad del proyecto.

El nombre New York Burger nació como una forma de agradecer a aquella persona neoyorquina que despertó mi pasión por el mundo de la brasa, las hamburguesas y la auténtica barbacoa americana. Sin saberlo, terminó inspirando gran parte de lo que hoy somos como marca.

Con el paso de los años también descubrimos que el nombre podía hacer pensar únicamente en hamburguesas o incluso en una franquicia americana, cuando en realidad siempre hemos sido una empresa familiar nacida en Madrid alrededor de una idea mucho más amplia: la cocina americana de calidad hecha con fuego, humo y producto.

NYB en 2010

¿Cuál era vuestra filosofía?

Nuestra filosofía siempre fue crear un restaurante con alma, basado en la calidad del producto, el trabajo artesanal, la cocina a la brasa y una experiencia especial para el cliente.

Recuerdo que cuando nació el proyecto definimos una idea muy clara:

“Queríamos darle a la hamburguesa el estatus gastronómico que merecía y alejarla del concepto de comida rápida”.

Durante todos estos años hemos intentado mantenernos fieles a esa idea. Nunca hemos querido competir únicamente en precio o velocidad, sino en producto, técnica y experiencia.

Con el tiempo el proyecto fue evolucionando. En 2015 se incorporó al grupo mi hijo Pablo Colmenares después de formarse como chef y trabajar durante varios años en DiverXO junto a David Muñoz. Él impulsó una evolución importante del concepto hacia el mundo de la auténtica barbacoa americana, variedad y calidad.

Muchas veces en España se entiende la barbacoa simplemente como cocinar a la parrilla, pero la BBQ americana tradicional es otra cosa: fuego indirecto, humo, paciencia y largas cocciones durante horas.

A partir de ahí incorporamos brisket, pulled pork, Pastrami, costillas, pavo y diferentes técnicas de ahumado que hoy forman parte de nuestra identidad.

También hemos trabajado mucho el diseño y la personalidad de nuestros restaurantes. Todos son diferentes y han sido desarrollados junto a algunos de los mejores estudios de interiorismo del país, porque creemos que la experiencia va mucho más allá de la comida.

¿De qué os arrepentís?

Más que arrepentirnos, con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta de que el nombre New York Burger puede hacer pensar únicamente en hamburguesas, cuando en realidad nuestra propuesta gira alrededor de la brasa, el humo y la cocina americana en un sentido mucho más amplio.

Hoy hacemos muchas más cosas además de hamburguesas y probablemente esa evolución de la marca es algo que todavía tenemos que comunicar mejor.

¿En qué pensáis que sois mejores?

Probablemente en: la combinación entre experiencia, técnica y coherencia.

Llevamos 17 años trabajando alrededor de la brasa, el humo y los procesos artesanales. Cocinamos con parrilla, Josper y ahumadores reales, utilizando diferentes tipos de carbón y leña para conseguir sabores muy concretos.

Intentamos cuidar muchísimo el producto y mantener una identidad reconocible a lo largo del tiempo.

¿Cuál ha sido la mejor decisión que habéis tomado?

Mantenernos fieles a nuestra filosofía incluso cuando hubiera sido más fácil tomar atajos para simplificar operaciones o reducir costes.

Seguimos recibiendo carne fresca diariamente en cada restaurante, hacemos nuestras mezclas, formamos cada hamburguesa a mano y cocinamos a la brasa con carbón y leña.

Todo ese proceso requiere mucho más trabajo y coste operativo, pero creemos que marca una diferencia real en el resultado final.

El brisket, por ejemplo, lo importamos desde Estados Unidos y trabajamos con proveedores de referencia mundial dentro del mundo de la BBQ americana.

También ha sido muy importante apostar por el diseño y la experiencia. Recuerdo con especial cariño cuando el restaurante de Moraleja Green ganó en Londres un importante premio internacional de diseño entre cientos de proyectos de todo el mundo.

Después de visitar nuestros procesos y restaurantes, varias personas nos dijeron algo que nunca olvidaremos:

“Todo esto para servir una hamburguesa”.

Y precisamente ahí estaba la filosofía de New York Burger.

¿Habéis recortado gramajes o calidad buscando rentabilidad?

No hemos reducido la calidad de nuestro producto. Al contrario, siempre hemos intentado mejorarla.

Sí hemos ajustado algunos formatos o recetas buscando equilibrio y sentido gastronómico, pero nunca sacrificando calidad para ahorrar costes.

Creemos que el cliente actual nota mucho cuándo una marca pierde autenticidad o empieza a tomar atajos.

Además, contamos con un chef dedicado a tiempo completo al desarrollo de producto, investigación y nuevas técnicas desde la cocina central y que también está pendiente del control y estandarización de los procesos en las cocinas de cada restaurante.

Además  viaja constantemente a observar tendencias internacionales y buscando  evolucionar sin perder nuestra esencia.

¿Cómo queréis posicionar vuestra marca?

Probablemente el marketing ha sido históricamente nuestro punto más débil. Durante muchos años nos concentramos muchísimo más en producto, operaciones y experiencia cliente que en comunicación.

Crecimos mucho gracias al boca a boca y a la fidelidad de nuestros clientes.

Ahora estamos entendiendo mejor la importancia de comunicar lo que hacemos y estamos construyendo un equipo interno para trabajar más cerca nuestra identidad, redes sociales y contenido.

Nos interesa posicionarnos como una marca de cocina americana de calidad alrededor de la brasa, el humo y el fuego. Más allá de una hamburguesería tradicional.

También estamos empezando a colaborar con creadores de contenido e influencers que nos ayuden a conectar con nuevas generaciones y transmitir mejor todo el trabajo que hay detrás de nuestros procesos.

¿Sois una marca basada en Madrid?

Totalmente. Madrid forma parte de nuestra historia y de nuestra identidad. Es una ciudad abierta, dinámica y con una enorme cultura de restauración.

En Barcelona aprendimos mucho. Abrimos justo antes de la pandemia en una ubicación que probablemente no encajaba con nuestro perfil tradicional de cliente. Aun así, hemos conseguido construir una comunidad muy fiel y el delivery nos funciona especialmente bien.

Nos gustaría seguir creciendo en otras ciudades, pero siempre de una manera controlada y cuidando mucho la calidad, la experiencia y el alma del proyecto.

¿Qué análisis hacéis de la situación actual de la restauración?

La restauración está viviendo un momento de enorme transformación.

Después de la pandemia llegó una fuerte inflación que afectó tanto a las empresas como al consumidor. Los costes han subido muchísimo en todos los niveles y el cliente también ha cambiado sus hábitos de consumo.

Además, existe una sobreoferta enorme de conceptos gastronómicos y especialmente de hamburgueserías, lo que ha generado una guerra constante de promociones y precios.

Al mismo tiempo, creemos que el consumidor cada vez valora más la autenticidad, la experiencia y los conceptos con identidad propia.

Por eso pensamos que el gran reto para las marcas no será únicamente vender comida, sino construir una propuesta con alma, coherencia y capacidad de emocionar al cliente.

Nosotros seguimos creyendo profundamente en eso.

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